VENGAN A BEBER HIJOS MIOS
Valeri no se resiste más a aquel aroma y se vence al deseo. La piel se le eriza, siente una descarga de adrenalina. Las fosas nasales se le dilatan por completo, aspira de nuevo, la fragancia es más intensa, se llena los pulmones de aquello, puede ver el pulso en su cuello, siente como con cada latido de Evelyn su fragancia se hace más y más enervante, no deja de verla a los ojos, ella, por su parte, le recorre las facciones con los dedos frios, aquella mano tan delgada, tan suave y fuerte, retira un poco el cabello de los ojos, toca con cuidado los párpados, siente lo hermoso de sus largas pestañas. El tacto aterciopelado de la piel de Valeri provoca que cierre sus ojos verdes, siente en su interior que el deseo es mutuo; Necesitan un respiro y se apartan un poco, Valeri se da cuenta que la puerta del departamento está abierta, una oscuridad expectante le detiene la vista, el estómago se le encoge un poco al recordar la inquietante incertidumbre que le provocó esa misma oscuridad el otro día, de la angustia que le provoco la idea de una mano que saluda en la oscuridad, le hace una señal con los ojos a Evelyn advirtiendole de que podrían verlas, y se vuelve a perder en su mirada, un vértigo inaudito le agolpa la sangre en las venas, con un movimiento brusco de la nada la puerta se cierra de golpe, no hay cabeza para preguntarse cómo sucedió, el aire seguro fue, aunque el departamento tenía las ventanas cerradas, se encuentran de nuevo ambas miradas, las pupilas dilatadas, henchidas por el ardor del momento, caminan a la sala tomadas de la cintura, una de frente a la otra, viéndose, reconociéndose, como pidiéndose permiso, explorando terreno virgen, entrelazan sus dedos, el cabello de Valeri le llega hasta la cintura, se enreda un poco en las manos de Evelyn ella juega un poco con su cabellera, le agrada lo sedoso; hay algo raro en el ambiente siente que camina en lo etéreo, no es miedo lo que siente, es la emoción y satisfacción de encontrar lo anhelado, cruzan la sala, esquivan la mesita de centro, casi tiran una copa Borgoña con lo que parece vino, ni siquiera voltean a ver, guiadas por Valeri, cruzan el departamento como si lo conociera de lado a lado, llegan a un cuarto apenas iluminado; por la disposición supone que es el dormitorio, la fragancia ahora está en todos lados, pero sabe perfecto cual es su origen; no puede con el corazón, literal se le quiere salir del pecho, sus propios latidos la ahogan, le cuesta respirar, siente como las venas henchidas le obstruyen el paso al aire, un ansia enfermiza le alcanza el alma, le es difícil ver, no sabe si esta mareada o si se va a desmayar, siente en la piel los puntos exactos donde la observan en medio de la oscuridad; por un momento le da la impresión de ser ella misma quien se observa desde lo alto del departamento, la lleva a lo que presiente es la mitad del cuarto, dobla un poco las rodillas, no quiere chocar con la cama pero no hay nada, quiere soltarse un poco para tantear la oscuridad, no se lo permite, en cambio se hace firme la caricia siente una respiración en el contorno de la oreja, no sabe si la está alucinando, algo le murmura, cree entender lo que dice pero apenas se da cuenta que es un idioma ajeno, no tiene tiempo de preguntar, sus manos suben y bajan por sus brazos, ella los aparta un poco del cuerpo, quiere que le acaricie la cintura, lo capta de inmediato, le esta leyendo la mente, siente sus costillas, la acaricia por encima de la ropa, siente su ropa interior y una descarga le entrecorta el aliento, baja, se detiene en lo firme de su cintura, abre un poco los labios, está confundida, le sujeta las caderas mientras busca el límite de la blusa, lo encuentra en el acto, no puede resistirse, se retrae un poco al frío tacto, ahora a ella se le eriza, lo desea, lo siente, lo necesita, acaricia piel con piel, terciopelo y marmol pulido, lleva sus manos justo donde nacen sus pechos, lo consigue, sus labios se buscan, tardan un poco, la sensación es adictiva, morfina hecha piel, lo húmedo de su lengua, lo uniforme y filoso de sus dientes, alternan la fuerza, y la velocidad van y vienen con un ritmo impecable, algo cálido escurre de sus labios, sabe un poco a metal, después de la mano que tiene mas lejos, algo escurre, ligeramente espeso, no sabe que es, no le da importancia, no quiere perderse el instante, hunde el rostro en su larga cabellera, besa su cuello, vuelve a escuchar palabras que no logra entender, alternando nariz y labios va del mentón al pecho, de la oreja al mentón, pronunciando las mismas palabras venire liberos meos ad bibendum, va del hombro a la oreja, venire liberos meos ad bibendum, se entretiene justo en la clavícula, venire liberos meos ad bibendum, cierra los ojos, hunde los colmillos justo en la arteria, el fluir de la sangre concentrada de endorfinas es embriagante, la adrenalina que sienten provoca que su pulso se acelere, golpea con fuerza como si quisiera entregar su contenido, bebe con delirio, con elegancia, ella responde al beso mortal, quiere besarla nuevamente, ver su rostro, despacio abre los ojos y en medio de aquella oscuridad parece ver pequeñas luces flotando en la habitación, blancas, azules, rojas, muchas de ellas, en pares, todas se reúnen en su entorno, quiere tocarlas, se pregunta si está alucinando, trata de recobrar la conciencia pero esta hundida, abandonada al vértigo, apenas y puede sentir los dedos, sujeta por el brazo con firmeza no lo puede mover, un tenue fluir en la palma de su mano le indica que se está formando una gota en la punta del dedo, siente un peso que se le cuelga del brazo, en reflejo busca levantar su otro brazo para liberarse de lo que la sujeta pero también está inmovil, algo no esta bien, se siente cansada, el efecto está pasando, las luces parecen formar parte de una máscara, pulcra, muy lisa, vaporosa, ancladas a un espectro, le sonríen, todas le sonríen, sus ojos empiezan a acostumbrarse a la oscuridad, los espectros parecen estar materializandose, se mueven despacio en su entorno, en silencio, parecen ir y venir de su cuerpo, quiere dar un paso, tampoco puede, fija su vista en las luces azules al fondo, cree adivinar una mano que la saluda, la misma que asomaba en la puerta que se cerró sola, sigue confundida, un escalofrío le recorre el cuerpo completo pero el corazón ya no le responde, como tambor batiente que marca la retirada, las luces azules se hacen más brillantes, se concentra en su color un azul, lo ve mejor, cambian de turquesa a azules lenta la transición casi imperceptible, parece que se transforman en vapor, no entiende lo que ve a su alrededor, con los ojos adaptados ve aún más luces, vaporizandose en la oscuridad de la habitación, brillan a su alrededor, las rodillas se le doblan incapaces de soportar más el peso, involuntarias, lo brusco del movimiento retira los colmillos del cuerpo, el beso termina por fin puede ver el rostro de quién le brinda su amor, un par de ojos verdes fulgurantes vaporizandose en la oscuridad observan sus ojos castaños, la fragancia a desaparecido, se desespera, quiere tenerla otra vez, siente frío y angustia eternas en todo el cuerpo, sin dejar de ver aquel verdor con sus manos libres soba sus muñecas, siente un par de huecos amplios, frota su brazo tratando de calentarse y descubre más y más pares de huecos, perforaciones en las que se hunden las yemas de sus dedos, el tacto le crispa los nervios, el roce de la mano con la piel es insoportable, apenas se puede sostener en pie, el dolor la libera de los ojos verdes, busca al fondo y mientras recorre con la vista recupera la conciencia, siente un deseo enorme de gritar, revisa sus brazos, ahora el flagelo viene de sus piernas, Evelyn se aparta un poco permitiendo sus movimientos, de cualquier forma ya eran torpes y no representaban ninguna amenaza, el corazón está por detenerse, el grito no nace, solo en su lugar un gemido lastimero, mientras la realidad la alcanza se ve rodeada de pares de ojos relumbrantes, enmarcando sonrisas sangrientas a la expectativa, colmillos afilados, seres alimentados del elixir de su existencia, busca el origen, dirige su mirada al frente los ojos verdes siguen clavados en ella, le provoca una mezcla de terror y deseo, Evelyn se da cuenta, le sonríe aún con la sangre en los labios, un par de colmillos, largos, blancos, perfectos se asoman, pasa su lengua por ellos regustando la piel y sangre de Valeri, a Valeri le encanta el ademán y vuelve a ofrecerle el cuello.
