martes, 15 de septiembre de 2026

SACAPUNTAS

SACAPUNTAS



Te resbalabas de mis manos, buscabas algo en el piso. ¿Qué era? No alcanzaba a verlo. Trataba de tener una conversación con la mamá de tu compañerita, una niña muy bonita de unos seis años; yo no podía articular una oración completa sin sentir que te me escapabas. Era tu determinación contra mi paciencia.

Al final ganó nuestra curiosidad: me hinqué, tú llegaste al piso, los dos con la vista puesta en lo que señalaba tu dedito de cinco años.

¡Un sacapuntas!

Ja. Tú, volando desde mis brazos hacia el suelo.

Nos levantamos de una. Me diste el sacapuntas y te abrazaste a mí; estabas cansado de tanto caminar y, con justa razón, recorriste el mercadito casi al mismo paso que tu compañerita.

Era curioso ver cómo una melenita castaña clara antecedía a un monstruito por todos los pasillos. Su piel era blanca, no muy distinta de la tuya; sus ojos rasgados, color miel, muy similares a los tuyos; su carita redonda... La forma en la que se llevaban, de no ser porque al despedirnos nos fuimos por caminos diferentes, juraría que era tu hermana.

Ella tomó la mano de su mamá y se despidió de lejos. De la nada, el corazón se me hizo un nudo muy apretado en el pecho. No quería que se fueran.

Te quedaste abrazado a mí, dormido, con tus piernas frías —solo traías un pantaloncillo—, tu cuerpecito pegado al mío, todo húmedo de saliva y sudor. Lo lindo que olía tu cabello, tu respiración acompasada, me impedían ver una realidad que me devoraba.

Es tu hermana.

Y su mamá también es la tuya.

Te quedaste aquí, aferrado a mí, aunque estoy seguro de que era mi alma la que se sujetaba de tu existencia. No quería dejar de sentirte. No quería dejar de ver a tu hermana, aunque fuera de lejos.

Son míos.

Eran míos.

Y en la conciencia de mi pertenencia, una verdad aún más grande: se esfumaron en un suspiro. Se desvanecieron en el frío de la noche. Fueron absorbidos por el asqueroso hueco de esta realidad malsana.

Mis pequeños vinieron a visitarme.

Siento cómo regreso a mi cuerpo.

Solo atino a pensar:

“Puta madre... estaba soñando.”

jueves, 20 de agosto de 2026

El regalo




El golpe contra el concreto fue seco, sólido, contundente; aun así, parecería no haberle causado daño, no más del que ya tenía antes de la caída. Estaba muerto mucho antes de tocar el piso; no murío con el golpe, los cincuenta y seis metros correspondientes al decimoquinto piso de su departamento le regalaron los tres segundos más endemoniadamente felices de su vida; por ese lapso supo lo que era no necesitarla, no pensar en ella, no extrañar sus besos ni imaginar su aroma, no pensar el lo blanco de su piel, o lo bello de su voz, ni en los atardeceres atravez de su cabello, o sus manos frías en su cuello y sus ojos claros puestos en el firmamento. Por ese instante pudo recuperar lo que le habia regalado.

jueves, 6 de agosto de 2026

Mi vecinita Katy

 Mi vecinita Katy



Treinta segundos o al menos eso le dijo su papá el tiempo que tenía que esperar después de la primer mordida.


Toma el cuchillo con muchas dudas, no puede creer lo que está a punto de hacer; casi sin respirar lo sujeta firme solo pensando, recordando a su papá y adecuando las posiciones de la mano; Don Arturo manejaba su herramienta con la mano derecha, por su parte tendrá que adaptarse a su mano zurda; se calma, se apoya en el recuerdo de su papá, de ellos en la carnicería del mercado, respira profundo trae a la mente las instrucciones. 


“Sujeta fuerte sujeta fuerte del hueso o de una parte dura, corta un poco la piel para que puedas dislocar la extremidad, es fácil, solo requiere un poco de fuerza y algo de maña”


Regresa al piso de la sala, le duelen los nudillos los tiene reventados, no sabe por dónde empezar, el hambre le ayuda y se decide al momento; con la firmeza de los movimientos que brinda la experiencia y siguiendo su instinto confirma que el cuerpo está efectivamente muerto, pica un poco con el filo de la herramienta en las partes sensibles, pica y espera, hace pequeños cortes y espera; nada; no hay respuesta, revisa los ojos; las pupilas dilatadas, esa es su señal, vuelve a respirar, “calma” escucha a su papá en su interior, no puede con la mirada y prefiere empezar lejos de ella, sujeta fuerte cuidando de no cortarse, hunde el filo en el muslo con una sencillez que abruma, la herramienta penetra, un hilo de sangre corre por la piel, observa un poco con extrañeza, no esperaba encontrar alguna vena cerca pero a decir verdad en un cuerpo así de pequeño lo raro sería no encontrarla, el filo de cuchillo entra y sale a lo largo del músculo encuentra el punto donde se sujeta el hueso y corta con dificultad, busca el inicio del corte y procede a hacer lo mismo en sentido contrario, logra separar por completo el músculo, sostiene el trozo de carne en su mano derecha, no se anima a dejar el cuchillo, el olor de sangre y carne mueve algo en el fondo, quisiera decir que extrañamente se le hace agua la boca, pero no es así, salivando de hambre, muerde un poco; un chasquido suena al otro lado del departamento, lo que parece ser un radio viejo, ¿Quien tiene ya uno de esos?;  se escucha a alguien en un punto lejano que habla entrecortado.


"Kkgggg..... Es una completa desgracia.........tosssszzzsdd tod.....zz mue.......... kkggggg......quien sea q...... me este ..........chando no se acerquen al centro de la ciudad, ....... no hayyyyddzzz nadieeee con vida alejens......dzz


Mientras escucha sigue contando, la carne cruda es difícil de digerir pero una vez que te acostumbras aprendes a ignorar el dolor que le provoca al estómago, el secreto es comer solo los músculos nada de vísceras, muerde de nuevo, sin soltar el cuchillo se asoma por la ventana, su edificio queda justo sobre el Eje Central solo ve gente que camina arrastrando los pies, con los brazos y las piernas dislocadas, autos incendiándose, gritos lejanos, vidrios rotos de las tiendas sobre la avenida, cables sueltos, muchas emergencias pero nadie corre,  un ruido sordo hace que levante la mirada, un cuerpo atravesando la ventana del décimo piso de la torre latinoamericana,  la caída de esa persona le produce vértigo, el cuerpo cae casi parado se rompe las piernas en un crujido espantoso, entre latigazo y madera rompiendose, se estrella contra el asfalto de la avenida, cae enfrente del 7-eleven, después de un rato el cuerpo se levanta, a eso ya no se le puede reconocer como persona, se desplaza con ambas piernas rotas si una muestra de dolor; un rumor, como de cerdos comiendo, casi enfrente de la ventana por la que observa, hace que dirija la mirada a un grupo de esas cosas, no logra entender la escena hasta que se dispersa dejando en el piso una mancha de carne negruzca y sanguinolienta, la ironia obliga a observar el trozo de carne que tiene la mano, a fin de cuentas no son tan diferentes.


Recorre el lugar con la vista buscando algo que beber, recuerda de pronto, la noche del último partido de México en el mundial había dejado una cerveza en el refri de sus vecinos, con un poco de suerte seguiría ahí, se quita de la ventana y cruza la cocina hasta el refri, abre la puerta, recorre con curiosidad el alto y ancho, escondida entre las verduras se encuentra su lata de Negra Modelo, en un chasquido que le anima el alma, le da un trago largo, termina lo más que puede de ambos para reponer energía, reúne algunas cosas incluido su valor, y se prepara para salir, se detiene en la puerta, sujetando la perilla sin querer voltear la mirada a la sala donde se encuentra cuerpo de su vecinita, que ahora le falta un muslo completo, abre con cuidado sin hacer ruido, con la esperanza de poder salir sana y salva de la gloriosa Ciudad de México.


miércoles, 29 de julio de 2026

VENGAN A BEBER HIJOS MIOS

  VENGAN A BEBER HIJOS MIOS



Valeri no se resiste más a aquel aroma y se vence al deseo. La piel se le eriza, siente una descarga de adrenalina. Las fosas nasales se le dilatan por completo, aspira de nuevo, la fragancia es más intensa, se llena los pulmones de aquello, puede ver el pulso en su cuello, siente como con cada latido de Evelyn su fragancia se hace más y más enervante, no deja de verla a los ojos, ella, por su parte, le recorre las facciones con los dedos frios, aquella mano tan delgada, tan suave y fuerte, retira un poco el cabello de los ojos, toca con cuidado los párpados, siente lo hermoso de sus largas pestañas. El tacto aterciopelado de la piel de Valeri provoca que cierre sus ojos verdes, siente en su interior que el deseo es mutuo; Necesitan un respiro y se apartan un poco, Valeri se da cuenta que la puerta del departamento está abierta, una oscuridad expectante le detiene la vista, el estómago se le encoge un poco al recordar la inquietante incertidumbre que le provocó esa misma oscuridad el otro día, de la angustia que le provoco la idea de una mano que saluda en la oscuridad, le hace una señal con los ojos a Evelyn advirtiendole de que podrían verlas, y se vuelve a perder en su mirada, un vértigo inaudito le agolpa la sangre en las venas, con un movimiento brusco de la nada la puerta se cierra de golpe, no hay cabeza para preguntarse cómo sucedió, el aire seguro fue, aunque el departamento tenía las ventanas cerradas, se encuentran de nuevo ambas miradas, las pupilas dilatadas, henchidas por el ardor del momento, caminan a la sala tomadas de la cintura, una de frente a la otra, viéndose, reconociéndose, como pidiéndose permiso, explorando terreno virgen, entrelazan sus dedos, el cabello de Valeri le llega hasta la cintura, se enreda un poco en las manos de Evelyn ella juega un poco con su cabellera, le agrada lo sedoso; hay algo raro en el ambiente siente que camina en lo etéreo, no es miedo lo que siente, es la emoción y satisfacción de encontrar lo anhelado, cruzan la sala, esquivan la mesita de centro, casi tiran una copa Borgoña con lo que parece vino, ni siquiera voltean a ver, guiadas por Valeri, cruzan el departamento como si lo conociera de lado a lado, llegan a un cuarto apenas iluminado; por la disposición supone que es el dormitorio, la fragancia ahora está en todos lados, pero sabe perfecto cual es su origen; no puede con el corazón, literal se le quiere salir del pecho, sus propios latidos la ahogan, le cuesta respirar, siente como las venas henchidas le obstruyen el paso al aire, un ansia enfermiza le alcanza el alma, le es difícil ver, no sabe si esta mareada o si se va a desmayar, siente en la piel los puntos exactos donde la observan en medio de la oscuridad; por un momento le da la impresión de ser ella misma quien se observa desde lo alto del departamento, la lleva a lo que presiente es la mitad del cuarto, dobla un poco las rodillas, no quiere chocar con la cama pero no hay nada, quiere soltarse un poco para tantear la oscuridad, no se lo permite, en cambio se hace firme la caricia siente una respiración en el contorno de la oreja, no sabe si la está alucinando, algo le murmura, cree entender lo que dice pero apenas se da cuenta que es un idioma ajeno, no tiene tiempo de preguntar, sus manos suben y bajan por sus brazos, ella los aparta un poco del cuerpo, quiere que le acaricie la cintura, lo capta de inmediato, le esta leyendo la mente, siente sus costillas, la acaricia por encima de la ropa, siente su ropa interior y una descarga le entrecorta el aliento, baja, se detiene en lo firme de su cintura, abre un poco los labios, está confundida, le sujeta las caderas mientras busca el límite de la blusa, lo encuentra en el acto, no puede resistirse, se retrae un poco al frío tacto, ahora a ella se le eriza, lo desea, lo siente, lo necesita, acaricia piel con piel, terciopelo y marmol pulido, lleva sus manos justo donde nacen sus pechos, lo consigue, sus labios se buscan, tardan un poco, la sensación es adictiva, morfina hecha piel, lo húmedo de su lengua, lo uniforme y filoso de sus dientes, alternan la fuerza, y la velocidad van y vienen con un ritmo impecable, algo cálido escurre de sus labios, sabe un poco a metal, después de la mano que tiene mas lejos, algo escurre, ligeramente espeso, no sabe que es, no le da importancia, no quiere perderse el instante, hunde el rostro en su larga cabellera, besa su cuello, vuelve a escuchar palabras que no logra entender, alternando nariz y labios va del mentón al pecho, de la oreja al mentón, pronunciando las mismas palabras venire liberos meos ad bibendum, va del hombro a la oreja, venire liberos meos ad bibendum, se entretiene justo en la clavícula, venire liberos meos ad bibendum, cierra los ojos, hunde los colmillos justo en la arteria, el fluir de la sangre concentrada de endorfinas es embriagante, la adrenalina que sienten provoca que su pulso se acelere, golpea con fuerza como si quisiera entregar su contenido, bebe con delirio, con elegancia, ella responde al beso mortal, quiere besarla nuevamente, ver su rostro, despacio abre los ojos y en medio de aquella oscuridad parece ver pequeñas luces flotando en la habitación, blancas, azules, rojas, muchas de ellas, en pares, todas se reúnen en su entorno, quiere tocarlas, se pregunta si está alucinando, trata de recobrar la conciencia pero esta hundida, abandonada al vértigo,  apenas y puede sentir los dedos, sujeta por el brazo con firmeza no lo puede mover, un tenue fluir en la palma de su mano le indica que se está formando una gota en la punta del dedo, siente un peso que se le cuelga del brazo, en reflejo busca levantar su otro brazo para liberarse de lo que la sujeta pero también está inmovil, algo no esta bien, se siente cansada, el efecto está pasando, las luces parecen formar parte de una máscara, pulcra, muy lisa, vaporosa, ancladas a un espectro, le sonríen, todas le sonríen, sus ojos empiezan a acostumbrarse a la oscuridad, los espectros parecen estar materializandose, se mueven despacio en su entorno, en silencio, parecen ir y venir de su cuerpo, quiere dar un paso, tampoco puede, fija su vista en las luces azules al fondo, cree adivinar una mano que la saluda, la misma que asomaba en la puerta que se cerró sola, sigue confundida, un escalofrío le recorre el cuerpo completo pero el corazón ya no le responde, como tambor batiente que marca la retirada, las luces azules se hacen más brillantes, se concentra en su color un azul, lo ve mejor, cambian de turquesa a azules lenta la transición casi imperceptible, parece que se transforman en vapor, no entiende lo que ve a su alrededor, con los ojos adaptados ve aún más luces, vaporizandose en la oscuridad de la habitación, brillan a su alrededor, las rodillas se le doblan incapaces de soportar más el peso, involuntarias, lo brusco del movimiento retira los colmillos del cuerpo, el beso termina por fin puede ver el rostro de quién le brinda su amor, un par de ojos verdes fulgurantes vaporizandose en la oscuridad observan sus ojos castaños, la fragancia ha desaparecido, se desespera, quiere tenerla otra vez, siente frío y angustia eternas en todo el cuerpo, sin dejar de ver aquel verdor con sus manos libres soba sus muñecas, siente un par de huecos amplios, frota su brazo tratando de calentarse y descubre más y más pares de  huecos, perforaciones en las que se hunden las yemas de sus dedos, el tacto le crispa los nervios, el roce de la mano con la piel es insoportable, apenas se puede sostener en pie, el dolor la libera de los ojos verdes, busca al fondo y mientras recorre con la vista recupera la conciencia, siente un deseo enorme de gritar, revisa sus brazos, ahora el flagelo viene de sus piernas, Evelyn se aparta un poco permitiendo sus movimientos, de cualquier forma ya eran torpes y no representaban ninguna amenaza, el corazón está por detenerse, el grito no nace, solo en su lugar un gemido lastimero, mientras la realidad la alcanza se ve rodeada de pares de ojos relumbrantes,  enmarcando sonrisas sangrientas a la expectativa, colmillos afilados, seres alimentados del elixir de su existencia, busca el origen, dirige su mirada al frente los ojos verdes siguen clavados en ella, le provoca una mezcla de terror y deseo, Evelyn se da cuenta, le sonríe aún con la sangre en los labios, un par de colmillos, largos, blancos, perfectos se asoman, pasa su lengua por ellos regustando la piel y sangre de Valeri, a Valeri le encanta el ademán y vuelve a ofrecerle el cuello.

lunes, 22 de junio de 2026

DELATOR

DELATOR




Juro por Dios que en lo profundo de la oscuridad de mi cuarto, se escucha el abrir de la puerta, muy despacio, tenue, tan lento y apagado que el latir de mi corazón no me deja poner más atención.

Por el día todo transcurre con normalidad, me desplazo y atiendo con la soltura de siempre, recibo algunas visitas, platico con ellas sin la sombra maldita de mis recuerdos nocturnos, y si por alguna razón sale a tema el transcurso de mis noches, un escalofrío recorre mi espalda, un sudor denso y pegajoso se forma en mi nuca, tan pesado que las gotículas al rodar por mi piel, se sienten como las finas patas de arañas microscópicas deslizándose hacia mis adentros, es inevitable frotarme de inmediato para cambiar de tema; pero mientras la luz del sol se mantenga bien puesta en el cielo no tardo en recuperarme.

Por el contrario, cuando se acerca la noche, siento caer en la garganta de un demonio, escucho en mi caída los gritos amorfos de las almas que ya ha devorado, aprieto los ojos y en la oscuridad mentirosa de mis párpados invoco a Neptuno, que casi siempre me ignora, pero cuando tengo algo de suerte consigo que se acerque y con su ronroneo me calmo un poco, acaricio su ágil cuerpo, siento sus patitas y su lengua áspera en mis dedos, por un efímero instante sujeto mi existencia y la de todo mi universo al terso tacto de su pelo, hasta que de un brinco sale de mi regazo, cansado de cargar con todo mi peso.

Abro los ojos porque no hay más remedio. Me quedo fijo en la ventana, observando como se va lo último de la luz que queda, y los gritos en la garganta del demonio comienzan, mantengo todas las luces encendidas, corro todas las cortinas para que la oscuridad no tenga oportunidad de colarse al interior, pero es inevitable, es imposible mantener todas las luces encendidas, todas las noches, todo el tiempo. Instalé un apagador general en el pasillo que da a mi recámara para apagar toda la planta baja desde arriba.

Ya en mi recámara, me mantengo despierto todo lo que puedo, hasta que el cansancio vence a mi cuerpo, en mi cama mi respiración se hace cada vez más pesada, implacable mi cuerpo me encierra en mi mente, la agonía comienza, creo escuchar un rechinido y un paso muy suave, me quedo espectante sí algo más se escucha, pero nada, el viento golpea suave pero insistente, el vidrio suelto de mi ventana, se cuela por una rendija que no he podido ubicar y levanta un poco la cortina, el cuarto está fresco aunque no sé bien si justo en ese momento bajó aún más la temperatura; otro ruido, no distingo si fue la bisagra de la puerta o un paso sobre el piso de madera, mi calma se rompe desde el centro, la luna está justo sobre mi ventana, filtra su luz plateada sobre la mesita que está bajo mi ventana, algo me eriza los vellos de la nuca, una exhalación, estoy seguro que alguien me observa desde la rendija que se formó en la puerta entreabierta, se cansó de aguantar la respiración y dejo salir su aliento, lento, controlado, caliente, lo más silencioso que pudo, un miedo casi pánico me recorre el cuerpo. ¡Necesito ver! Pero la puerta me queda justo del lado del ojo que perdí de niño, me duele el pecho, siento como si el corazón se me hiciera un nudo enorme con cada latido, mi cuerpo pesa mucho, logro girarlo lentamente hasta ver la puerta. El contraste de la luz de la luna y la sombra de mi cuerpo en la cama solo hacen que el fondo de mi cuarto se vea aún más oscuro. Contengo la respiración. Trato de controlar mi corazón; pero en esta soledad, hundido en este fragmento de tiempo denso e irrespirable es inevitable quedar a merced del pánico y la voluntad malsana de lo que sea que cruce esa puerta, injustamente delatado por mi propio corazón.

sábado, 13 de junio de 2026

"Debutante: La disolución de la fe y la insatisfacción humana"

El Espacio en la U

DEBUTANTE: La disolución de la fe y la insatisfacción humana

De que sirve debatir la existencia de Dios, si acordamos o demostramos que no existe, ¿que es lo que cambia?, ¿que se hace o se deja de hacer?, si demostramos que efectivamente existe, es la misma pregunta, ¿qué es lo que cambia?




Supongamos en tal caso que se le pregunte a dos personas con afirmaciones opuestas a quien se le presenten pruebas soportadas en evidencias tangibles, comprensibles y universales de que Dios efectivamente existe, que sea tan visible e irrefutable como la luz del día, seguramente veríamos que el que ya creía se sentiría satisfecho, mantendría sus alabanzas, tal vez la aumentaría, en su caso trataría de hacerse notar para obtener un favor, alguna señal de que lo escucha.

Yo preguntaría, ¿Quién sería capaz de mantenerse al margen enfrente del ente de su devoción?, ¿Quién sería capaz de no hacer un esfuerzo por hacer que, aunque sea por un instante, dirija su mirada hacia sus propios ojos?, ¿Cuanto tiempo pasaría para que empezarán las preguntas y reclamos sobre las situaciones vividas, y sobre todo, por las personas perdídas?, ¿Sería necesario que la presencia se confirmará para sostener su fe?, ¿De que forma se manifestaría la naturaleza humana?

Imagino que cada quién haría lo propio, algunos empezarán a obtener sus propias conclusiones, estarían interesados en entrevistarse con él para obtener información, también estarían los que el simple hecho de la confirmación de su existencia los mantendría en paz absoluta.

¿Que pasaría con la fé?


Y en esto, como en todas las demás preguntas, solo son suposiciones, creo que la fe desaparecería, el concepto básico en el que se manifiesta como una convicción en lo invisible y la confianza plena en las promesas de Dios, y Dios al ser tangible y comprobable su existencia, la definicion perdería sentido.

De igual forma, imagino que ha de ser hermoso, sublime, saber que cuentas con alguien que este cuidando tus pasos, saber que tu devoción tiene una cara y una forma familiar.

Creo que, de demostrarse su existencia, las virtudes serían las que regirían al ser humano. Sin embargo, me surge una duda inevitable: ¿si aun confirmando la existencia de Dios, habría personas renuentes a seguirlo? Y lo que encuentro demuestra lo que significa el "ser humano", y esto es: "la eterna insatisfacción". No importa qué hagas, cuánto tengas o qué representes; el ser humano, tan pronto consigue lo que quiere, al segundo posterior ya estará deseando lo siguiente, que en efecto puede ser cualquier cosa.

Creo que, además de estar encerrados en el libre albedrío, somos esclavos de la insatisfacción o, dicho de otra forma, somos esclavos de nuestros deseos, y existe la sentencia humana universal: "Jamás obtendremos lo que deseamos". Y bajo esta sentencia:

¿Cuánto tiempo pasará para que la humanidad considere a Dios como insuficiente, injusto o desechable?



 


"Si te interesó esta reflexión sobre la naturaleza humana, te invito a dejarme los comentarios que quieras, y por supuesto a seguir este BLOG - El espacio en la U". 

lunes, 8 de junio de 2026

Un año menos,

Feliz 2062

Todas las veces se encontraban nuestras manos sobre la mesa en la que cenabamos, ya más en un acto mecánico que romántico, y, al unísono del tiempo, solo marcábamos un año menos de esto que llamamos vida.

Las miradas se seguían encontrando, como todas las veces, pero siempre con esa pequeña diferencia, ese leve anhelo de que solo por esta vez, nuestro destino fuera diferente.

Y aunque sea rutinario, es completamente necesario. Llegando el año y planteando preguntas peludas.



Ojalá sirva de catársis. 

Somos tantos los que nos preguntamos lo mismo, pero, ¿cuántos de esos están dispuesto a escuchar y aceptar la respuesta?.

¿Cuánto cuarentón no anda por ahí tratando de hacer un microbalance de su vida?

¿Cuántos están tratando de justificar las metas abandonadas o lo fracasos de los cuales ya no nos levantamos?

¿Cuántos se alcanzan a ver al espejo y decir que están satisfechos con lo que ven? 

Seguro, si ya alcanzaste el cuarto piso ya te lo preguntaste alguna vez, y si todavía no llegas ni a la edad, ni a la reflexión, es buen momento de considerar la pregunta:


¿De que trata la vida?


Lejos está el disfrutarla, más bien quien la disfruta es un masoquista, en lo particular a mí me molesta, por decir lo menos, no se puede disfrutar algo que te jode tanto, la analogía exacta es:  un camino en un cerro, en la noche, en algún pueblo perdido, sin saber porque estás ahí, o como llegaste y te la pasas preguntando la hora deseando falte poco para el amanecer, sin embargo, de alguna forma consigues en medio de esa oscuridad, reunirte con más personas, algunas de esas son seres pensantes, otras no tanto, y a decir verdad es díficil distinguir quién piensa y quien no, porque por supuesto que uno se coloca del lado de los que se supone piensan, aunque esto no es necesariamente cierto.





Vivir es entrar en una oscuridad absoluta, no en el sentido poético, es lidiar con la ignorancia propia en todo momento, además de la ignorancia ajena.

Supongo es normal, llegar a cierto momento de la existencia y tratar de hacer un resumen de las metas que se han alcanzado y suponiendo que vivirás unos ochenta años, hacer este resumen a los cuarenta es obligatorio.

A lo mejor si andas completamente ahogado en deudas, proyectos personales y metas abandonadas, sea un poco más complicado de lo que parece.

Pero en verdad, date el tiempo de hacer lo que te gusta, por que casi todos estamos viviendo con ese cochino pensamiento: 

"Ya no estoy para hacer lo que me gusta, sino lo que me conviene"

Ten por seguro que no eres el únic@, con ideas rancias, apestosas y deprimentes que guían la existencia propia.

La vida va a consistir, de momento, en plantearte preguntas medio bobas, escribir mucho, reflexionar aún más y siempre buscar ser algo más de que ya eres actualmente.

No vaya a ser que cuando te estes muriendo te arrepientas, pero no de lo que hiciste, sino de lo que dejaste de hacer. 

¿Tu tambien sientes que año con año, caminamos a ciegas?

Que te parece y me platicas tu que piensas, y me muestras los que escribes o has deseado escribir.

Como siempre es un gusto saludarlos, en esta mitad de año me gustaria platicarles sobre esas veces que tienes que rearmarte, en la que tienes que empezar de nuevo en el justo momento en que todo está terminando o que parece que todo esta terminando, es ese instante en el que cierras los ojos, los aprietas muy fuerte y empiezas de nuevo.

Saludos peludos

Sigueme que nada te cuesta



LO CHIDO

SACAPUNTAS

SACAPUNTAS Te resbalabas de mis manos, buscabas algo en el piso. ¿Qué era? No alcanzaba a verlo. Trataba de tener una conversación con la ma...