El golpe contra el concreto fue seco, sólido, contundente; aun así, parecería no haberle causado daño, no más del que ya tenía antes de la caída. Estaba muerto mucho antes de tocar el piso; no murío con el golpe, los cincuenta y seis metros correspondientes al decimoquinto piso de su departamento le regalaron los tres segundos más endemoniadamente felices de su vida; por ese lapso supo lo que era no necesitarla, no pensar en ella, no extrañar sus besos ni imaginar su aroma, no pensar el lo blanco de su piel, o lo bello de su voz, ni en los atardeceres atravez de su cabello, o sus manos frías en su cuello y sus ojos claros puestos en el firmamento. Por ese instante pudo recuperar lo que le habia regalado.
jueves, 20 de agosto de 2026
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LO CHIDO
SACAPUNTAS
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