jueves, 6 de agosto de 2026

Mi vecinita Katy

 Mi vecinita Katy



Treinta segundos o al menos eso le dijo su papá el tiempo que tenía que esperar después de la primer mordida.


Toma el cuchillo con muchas dudas, no puede creer lo que está a punto de hacer; casi sin respirar lo sujeta firme solo pensando, recordando a su papá y adecuando las posiciones de la mano; Don Arturo manejaba su herramienta con la mano derecha, por su parte tendrá que adaptarse a su mano zurda; se calma, se apoya en el recuerdo de su papá, de ellos en la carnicería del mercado, respira profundo trae a la mente las instrucciones. 


“Sujeta fuerte sujeta fuerte del hueso o de una parte dura, corta un poco la piel para que puedas dislocar la extremidad, es fácil, solo requiere un poco de fuerza y algo de maña”


Regresa al piso de la sala, le duelen los nudillos los tiene reventados, no sabe por dónde empezar, el hambre le ayuda y se decide al momento; con la firmeza de los movimientos que brinda la experiencia y siguiendo su instinto confirma que el cuerpo está efectivamente muerto, pica un poco con el filo de la herramienta en las partes sensibles, pica y espera, hace pequeños cortes y espera; nada; no hay respuesta, revisa los ojos; las pupilas dilatadas, esa es su señal, vuelve a respirar, “calma” escucha a su papá en su interior, no puede con la mirada y prefiere empezar lejos de ella, sujeta fuerte cuidando de no cortarse, hunde el filo en el muslo con una sencillez que abruma, la herramienta penetra, un hilo de sangre corre por la piel, observa un poco con extrañeza, no esperaba encontrar alguna vena cerca pero a decir verdad en un cuerpo así de pequeño lo raro sería no encontrarla, el filo de cuchillo entra y sale a lo largo del músculo encuentra el punto donde se sujeta el hueso y corta con dificultad, busca el inicio del corte y procede a hacer lo mismo en sentido contrario, logra separar por completo el músculo, sostiene el trozo de carne en su mano derecha, no se anima a dejar el cuchillo, el olor de sangre y carne mueve algo en el fondo, quisiera decir que extrañamente se le hace agua la boca, pero no es así, salivando de hambre, muerde un poco; un chasquido suena al otro lado del departamento, lo que parece ser un radio viejo, ¿Quien tiene ya uno de esos?;  se escucha a alguien en un punto lejano que habla entrecortado.


"Kkgggg..... Es una completa desgracia.........tosssszzzsdd tod.....zz mue.......... kkggggg......quien sea q...... me este ..........chando no se acerquen al centro de la ciudad, ....... no hayyyyddzzz nadieeee con vida alejens......dzz


Mientras escucha sigue contando, la carne cruda es difícil de digerir pero una vez que te acostumbras aprendes a ignorar el dolor que le provoca al estómago, el secreto es comer solo los músculos nada de vísceras, muerde de nuevo, sin soltar el cuchillo se asoma por la ventana, su edificio queda justo sobre el Eje Central solo ve gente que camina arrastrando los pies, con los brazos y las piernas dislocadas, autos incendiándose, gritos lejanos, vidrios rotos de las tiendas sobre la avenida, cables sueltos, muchas emergencias pero nadie corre,  un ruido sordo hace que levante la mirada, un cuerpo atravesando la ventana del décimo piso de la torre latinoamericana,  la caída de esa persona le produce vértigo, el cuerpo cae casi parado se rompe las piernas en un crujido espantoso, entre latigazo y madera rompiendose, se estrella contra el asfalto de la avenida, cae enfrente del 7-eleven, después de un rato el cuerpo se levanta, a eso ya no se le puede reconocer como persona, se desplaza con ambas piernas rotas si una muestra de dolor; un rumor, como de cerdos comiendo, casi enfrente de la ventana por la que observa, hace que dirija la mirada a un grupo de esas cosas, no logra entender la escena hasta que se dispersa dejando en el piso una mancha de carne negruzca y sanguinolienta, la ironia obliga a observar el trozo de carne que tiene la mano, a fin de cuentas no son tan diferentes.


Recorre el lugar con la vista buscando algo que beber, recuerda de pronto, la noche del último partido de México en el mundial había dejado una cerveza en el refri de sus vecinos, con un poco de suerte seguiría ahí, se quita de la ventana y cruza la cocina hasta el refri, abre la puerta, recorre con curiosidad el alto y ancho, escondida entre las verduras se encuentra su lata de Negra Modelo, en un chasquido que le anima el alma, le da un trago largo, termina lo más que puede de ambos para reponer energía, reúne algunas cosas incluido su valor, y se prepara para salir, se detiene en la puerta, sujetando la perilla sin querer voltear la mirada a la sala donde se encuentra cuerpo de su vecinita, que ahora le falta un muslo completo, abre con cuidado sin hacer ruido, con la esperanza de poder salir sana y salva de la gloriosa Ciudad de México.


No hay comentarios.:

LO CHIDO

El regalo

El golpe contra el concreto fue seco, sólido, contundente; aun así, parecería no haberle causado daño, no más del que ya tenía antes de la c...