lunes, 22 de junio de 2026

DELATOR

DELATOR




Juro por Dios que en lo profundo de la oscuridad de mi cuarto, se escucha el abrir de la puerta, muy despacio, tenue, tan lento y apagado que el latir de mi corazón no me deja poner más atención.

Por el día todo transcurre con normalidad, me desplazo y atiendo con la soltura de siempre, recibo algunas visitas, platico con ellas sin la sombra maldita de mis recuerdos nocturnos, y si por alguna razón sale a tema el transcurso de mis noches, un escalofrío recorre mi espalda, un sudor denso y pegajoso se forma en mi nuca, tan pesado que las gotículas al rodar por mi piel, se sienten como las finas patas de arañas microscópicas deslizándose hacia mis adentros, es inevitable frotarme de inmediato para cambiar de tema; pero mientras la luz del sol se mantenga bien puesta en el cielo no tardo en recuperarme.

Por el contrario, cuando se acerca la noche, siento caer en la garganta de un demonio, escucho en mi caída los gritos amorfos de las almas que ya ha devorado, aprieto los ojos y en la oscuridad mentirosa de mis párpados invoco a Neptuno, que casi siempre me ignora, pero cuando tengo algo de suerte consigo que se acerque y con su ronroneo me calmo un poco, acaricio su ágil cuerpo, siento sus patitas y su lengua áspera en mis dedos, por un efímero instante sujeto mi existencia y la de todo mi universo al terso tacto de su pelo, hasta que de un brinco sale de mi regazo, cansado de cargar con todo mi peso.

Abro los ojos porque no hay más remedio. Me quedo fijo en la ventana, observando como se va lo último de la luz que queda, y los gritos en la garganta del demonio comienzan, mantengo todas las luces encendidas, corro todas las cortinas para que la oscuridad no tenga oportunidad de colarse al interior, pero es inevitable, es imposible mantener todas las luces encendidas, todas las noches, todo el tiempo. Instalé un apagador general en el pasillo que da a mi recámara para apagar toda la planta baja desde arriba.

Ya en mi recámara, me mantengo despierto todo lo que puedo, hasta que el cansancio vence a mi cuerpo, en mi cama mi respiración se hace cada vez más pesada, implacable mi cuerpo me encierra en mi mente, la agonía comienza, creo escuchar un rechinido y un paso muy suave, me quedo espectante sí algo más se escucha, pero nada, el viento golpea suave pero insistente, el vidrio suelto de mi ventana, se cuela por una rendija que no he podido ubicar y levanta un poco la cortina, el cuarto está fresco aunque no sé bien si justo en ese momento bajó aún más la temperatura; otro ruido, no distingo si fue la bisagra de la puerta o un paso sobre el piso de madera, mi calma se rompe desde el centro, la luna está justo sobre mi ventana, filtra su luz plateada sobre la mesita que está bajo mi ventana, algo me eriza los vellos de la nuca, una exhalación, estoy seguro que alguien me observa desde la rendija que se formó en la puerta entreabierta, se cansó de aguantar la respiración y dejo salir su aliento, lento, controlado, caliente, lo más silencioso que pudo, un miedo casi pánico me recorre el cuerpo. ¡Necesito ver! Pero la puerta me queda justo del lado del ojo que perdí de niño, me duele el pecho, siento como si el corazón se me hiciera un nudo enorme con cada latido, mi cuerpo pesa mucho, logro girarlo lentamente hasta ver la puerta. El contraste de la luz de la luna y la sombra de mi cuerpo en la cama solo hacen que el fondo de mi cuarto se vea aún más oscuro. Contengo la respiración. Trato de controlar mi corazón; pero en esta soledad, hundido en este fragmento de tiempo denso e irrespirable es inevitable quedar a merced del pánico y la voluntad malsana de lo que sea que cruce esa puerta, injustamente delatado por mi propio corazón.

sábado, 13 de junio de 2026

"Debutante: La disolución de la fe y la insatisfacción humana"

El Espacio en la U

DEBUTANTE: La disolución de la fe y la insatisfacción humana

De que sirve debatir la existencia de Dios, si acordamos o demostramos que no existe, ¿que es lo que cambia?, ¿que se hace o se deja de hacer?, si demostramos que efectivamente existe, es la misma pregunta, ¿qué es lo que cambia?




Supongamos en tal caso que se le pregunte a dos personas con afirmaciones opuestas a quien se le presenten pruebas soportadas en evidencias tangibles, comprensibles y universales de que Dios efectivamente existe, que sea tan visible e irrefutable como la luz del día, seguramente veríamos que el que ya creía se sentiría satisfecho, mantendría sus alabanzas, tal vez la aumentaría, en su caso trataría de hacerse notar para obtener un favor, alguna señal de que lo escucha.

Yo preguntaría, ¿Quién sería capaz de mantenerse al margen enfrente del ente de su devoción?, ¿Quién sería capaz de no hacer un esfuerzo por hacer que, aunque sea por un instante, dirija su mirada hacia sus propios ojos?, ¿Cuanto tiempo pasaría para que empezarán las preguntas y reclamos sobre las situaciones vividas, y sobre todo, por las personas perdídas?, ¿Sería necesario que la presencia se confirmará para sostener su fe?, ¿De que forma se manifestaría la naturaleza humana?

Imagino que cada quién haría lo propio, algunos empezarán a obtener sus propias conclusiones, estarían interesados en entrevistarse con él para obtener información, también estarían los que el simple hecho de la confirmación de su existencia los mantendría en paz absoluta.

¿Que pasaría con la fé?


Y en esto, como en todas las demás preguntas, solo son suposiciones, creo que la fe desaparecería, el concepto básico en el que se manifiesta como una convicción en lo invisible y la confianza plena en las promesas de Dios, y Dios al ser tangible y comprobable su existencia, la definicion perdería sentido.

De igual forma, imagino que ha de ser hermoso, sublime, saber que cuentas con alguien que este cuidando tus pasos, saber que tu devoción tiene una cara y una forma familiar.

Creo que, de demostrarse su existencia, las virtudes serían las que regirían al ser humano. Sin embargo, me surge una duda inevitable: ¿si aun confirmando la existencia de Dios, habría personas renuentes a seguirlo? Y lo que encuentro demuestra lo que significa el "ser humano", y esto es: "la eterna insatisfacción". No importa qué hagas, cuánto tengas o qué representes; el ser humano, tan pronto consigue lo que quiere, al segundo posterior ya estará deseando lo siguiente, que en efecto puede ser cualquier cosa.

Creo que, además de estar encerrados en el libre albedrío, somos esclavos de la insatisfacción o, dicho de otra forma, somos esclavos de nuestros deseos, y existe la sentencia humana universal: "Jamás obtendremos lo que deseamos". Y bajo esta sentencia:

¿Cuánto tiempo pasará para que la humanidad considere a Dios como insuficiente, injusto o desechable?



 


"Si te interesó esta reflexión sobre la naturaleza humana, te invito a dejarme los comentarios que quieras, y por supuesto a seguir este BLOG - El espacio en la U"

lunes, 8 de junio de 2026

Un año menos,

Feliz 2062

Todas las veces se encontraban nuestras manos sobre la mesa en la que cenabamos, ya más en un acto mecánico que romántico, y, al unísono del tiempo, solo marcábamos un año menos de esto que llamamos vida.

Las miradas se seguían encontrando, como todas las veces, pero siempre con esa pequeña diferencia, ese leve anhelo de que solo por esta vez, nuestro destino fuera diferente.

Y aunque sea rutinario, es completamente necesario. Llegando el año y planteando preguntas peludas.



Ojalá sirva de catársis. 

Somos tantos los que nos preguntamos lo mismo, pero, ¿cuántos de esos están dispuesto a escuchar y aceptar la respuesta?.

¿Cuánto cuarentón no anda por ahí tratando de hacer un microbalance de su vida?

¿Cuántos están tratando de justificar las metas abandonadas o lo fracasos de los cuales ya no nos levantamos?

¿Cuántos se alcanzan a ver al espejo y decir que están satisfechos con lo que ven? 

Seguro, si ya alcanzaste el cuarto piso ya te lo preguntaste alguna vez, y si todavía no llegas ni a la edad, ni a la reflexión, es buen momento de considerar la pregunta:


¿De que trata la vida?


Lejos está el disfrutarla, más bien quien la disfruta es un masoquista, en lo particular a mí me molesta, por decir lo menos, no se puede disfrutar algo que te jode tanto, la analogía exacta es:  un camino en un cerro, en la noche, en algún pueblo perdido, sin saber porque estás ahí, o como llegaste y te la pasas preguntando la hora deseando falte poco para el amanecer, sin embargo, de alguna forma consigues en medio de esa oscuridad, reunirte con más personas, algunas de esas son seres pensantes, otras no tanto, y a decir verdad es díficil distinguir quién piensa y quien no, porque por supuesto que uno se coloca del lado de los que se supone piensan, aunque esto no es necesariamente cierto.





Vivir es entrar en una oscuridad absoluta, no en el sentido poético, es lidiar con la ignorancia propia en todo momento, además de la ignorancia ajena.

Supongo es normal, llegar a cierto momento de la existencia y tratar de hacer un resumen de las metas que se han alcanzado y suponiendo que vivirás unos ochenta años, hacer este resumen a los cuarenta es obligatorio.

A lo mejor si andas completamente ahogado en deudas, proyectos personales y metas abandonadas, sea un poco más complicado de lo que parece.

Pero en verdad, date el tiempo de hacer lo que te gusta, por que casi todos estamos viviendo con ese cochino pensamiento: 

"Ya no estoy para hacer lo que me gusta, sino lo que me conviene"

Ten por seguro que no eres el únic@, con ideas rancias, apestosas y deprimentes que guían la existencia propia.

La vida va a consistir, de momento, en plantearte preguntas medio bobas, escribir mucho, reflexionar aún más y siempre buscar ser algo más de que ya eres actualmente.

No vaya a ser que cuando te estes muriendo te arrepientas, pero no de lo que hiciste, sino de lo que dejaste de hacer

¿Tu tambien sientes que año con año, caminamos a ciegas?

Que te parece y me platicas tu que piensas, y me muestras los que escribes o has deseado escribir.

Como siempre es un gusto saludarlos, en esta mitad de año me gustaria platicarles sobre esas veces que tienes que rearmarte, en la que tienes que empezar de nuevo en el justo momento en que todo está terminando o que parece que todo esta terminando, es ese instante en el que cierras los ojos, los aprietas muy fuerte y empiezas de nuevo.

Saludos peludos

Sigueme que nada te cuesta



LO CHIDO

DELATOR

DELATOR Juro por Dios que en lo profundo de la oscuridad de mi cuarto, se escucha el abrir de la puerta, muy despacio, tenue, tan lento y ap...